Gaspar de la noche: Fantasías a la manera de Rembrandt y de Callot – Aloysius Bertrand

Traducido del Francés 

Ondina

(. . . . . . . . Me parecía oír
una vaga armonía encantar  mi sueño,
y cerca de mí esparcirse un murmullo parejo
de cantos entrecortados de una voz triste y tierna.
Ch. Brugnot – Los dos Genios)

» ¡Escucha! – ¡Escucha! – Soy yo, soy la Ondina
quien roza con estas gotas de agua los rombos
resonantes de tu ventana iluminada por los
taciturnos rayos de la luna; y aquí está, con un
vestido de muaré, la dama castellana que contempla
en su balcón la hermosa noche estrellada y el bello lago
silencioso.

» Cada oleaje es una ondina que nada con la
corriente, cada corriente es un sendero que serpentea
hacia mi palacio, y mi palacio está construido
de líquido, al fondo del lago, en el triángulo del fuego,
de la tierra y del aire.

» ¡Escucha! – ¡Escucha! – Mi padre bate el agua
que croa con una rama de aliso verde, y mis
hermanas acarician con sus brazos de espuma las frescas
islas de hierbas, los nenúfares y los gladiolos
o se burlan del sauce caduco y barbudo que
pesca con caña.

» Con su canción murmurada, ella me suplicó
que recibiera su anillo en mi dedo, para ser
el esposo de una Ondina y visitar con ella sus
palacios, para ser el rey de los lagos.

» Y mientras yo le respondía que amaba a una
mortal, enfurruñada y desabrida, ella lloró
algunas lágrimas, dio una carcajada y se
disipó en chubascos que chorreaban blancos
a lo largo de mis vitrales azules.

La Horca

(¿Qué es lo que veo moverse alrededor de esa horca?
– Fausto.)

¡Ah! Eso que yo escucho, ¿será el cierzo
nocturno que aúlla o el ahorcado que da
un suspiro en la horca patibularia?

¿Será algún grillo que canta agazapado en
el musgo y la hiedra estéril la cual, por piedad,
viste al bosque?

¿Será alguna mosca cazando, tocando
la trompa alrededor de esos oídos sordos
a la fanfarria del halallí?

¿Será algún escarabajo que recolecta en su
vuelo irregular un cabello ensangrentado de su
cráneo calvo?

O bien, ¿será alguna araña que borda
medio metro de muselina como corbata
para ese cuello estrangulado?

Es la campana que tañe entre los muros de una ciudad,
en el horizonte, y el esqueleto de un ahorcado
al que enrojece el sol poniente.

Scarbo

(Él miró bajo la cama, en la chimenea,
en el baúl;
– nadie.
No pudo comprender por dónde se había
introducido, por dónde se había esfumado.
Hoffmann – Cuentos nocturnos)

¡Oh! ¡Cuántas veces lo escuché y lo vi, Scarbo,
cuando a medianoche la luna brilla en el
cielo como un escudo de plata sobre un
estandarte azul sembrado de abejas de oro!

¡Cuántas veces lo escuché canturrear su risa
en la sombra de mi alcoba, y rechinar su uña
sobre la seda de las cortinas de mi cama!

¡Cuántas veces lo vi descender al suelo,
hacer piruetas en un pie y rodar por la habitación
como el huso caído de la rueca de una hechicera!

¿Lo creía entonces desaparecido? ¡El enano crecía
entre la luna y yo como el campanario de una
catedral gótica, un cascabel de oro oscilando
con su gorro puntiagudo!

Pero pronto su cuerpo se azulaba, diáfano
como la cera de una vela, su cara palidecía
como la cera de un pabilo – y súbitamente
él se extinguía.

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