Caminar antes de correr

Diario de Invierno                                                     Paul Auster                                                                 2012 – Anagrama                                                          243 páginas

Diario de Invierno es un diálogo que Auster mantiene consigo mismo. Escribe sus memorias y se las relata, tal vez, como primer paso para enfrentar el ocaso de su vida. Desde la primera página se conoce su intención: hablar “… antes de que sea demasiado tarde (…) indagar lo que ha sido vivir dentro de este cuerpo…”, realizar “un catálogo de datos sensoriales”.

Con este propósito, hilvana recuerdos breves de manera desordenada, siendo el denominador común la enumeración de sensaciones físicas o de actos tan cotidianos y mecánicos que pasan desapercibidos al común de las personas. Es entonces, que a partir del cálculo del tiempo de vida que pasó trasladándose de un lugar a otro, de la cantidad de estados norteamericanos que conoce, de países que ha visitado, entre otras cosas, que se vislumbra algo de la personalidad del escritor: idealista, despistado, dedicado, fumador, aficionado al beisbol, enamorado de su esposa y de Brooklyn, Nueva York. Cabe una mención especial para el listado por orden cronológico de las 22 casas en las que vivió, que refleja cómo él fue transformándose a partir de su evolución habitacional y de los objetos que lo rodearon. Auster se centra en sí mismo y alrededor gira su mundo, nada sale de esa órbita ya que “lo que pueda contarse habrá que decirlo desde adentro, del cúmulo de percepciones que sigues llevando contigo”.

¿Pero eso que se muestra en el libro es la persona o el personaje? Poco importa porque “…vivimos dentro de la mirada de los demás.”, dice Auster, quien no cuenta cosas extraordinarias sino que lo extraordinario es cómo las cuenta. Y para regocijo de sus asiduos lectores, da pistas, referencias a sus obras en las cuales él también ha sido personaje. Así, por ejemplo, la bajada por la escalera de la Estatua de la Libertad, sentado, con una madre en pleno ataque de pánico pero disimulándolo a modo de juego, nos remite a Leviatán, libro imprescindible del autor.

Su estilo narrativo, pleno de saltos en el tiempo y eventos descriptos precisa pero brevemente,  se interrumpe, a menudo, por oraciones interminables que quitan el aliento, como si, de repente, los recuerdos le brotaran a borbotones. Es especial el trato que da a la memoria de su madre, extendiéndose detalladamente en su biografía, quizás para homenajearla, o porque su muerte fue un punto de inflexión en su vida, el principio de sus ataques de pánico, de su miedo a la muerte, y con ello, el comienzo de su aceptación.

Auster acierta cuando decide centrarse en lo físico, lo tangible, lo efímero para describir su vida. Desde el primer momento se repite a sí mismo ¿o alecciona al lector?: “Piensas que nunca te va a pasar, (…) que eres la única persona del mundo a quien jamás ocurrirán esas cosas, y entonces, una por una, empiezan a pasarte todas, igual que le suceden a cualquier otro.”

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Un comentario en “Caminar antes de correr

  1. Anónimo

    Qué bueno. Me encanta Auster, pero este todavía no lo leí… Se ve que mantiene su genial estilo, entre autobiográfico y cósmico, no? Gracias por la reseña, dan todas las ganas de leerlo!

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